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RETRASO EN LA ADQUISICIÓN DEL PROCESO DE LECTOESCRITURA.




RETRASO EN LA ADQUISICIÓN DEL PROCESO DE LECTOESCRITURA.



Uno de los casos que más solemos encontrar en nuestros centros, es la preocupación de los padres y madres porque su hijo o hija no ha aprendido a leer correctamente en el paso del último curso de Educación Infantil al primer curso de Educación Primaria.


Las razones por las que un niño/a puede no haber adquirido adecuadamente el proceso de la lectoescritura puede deberse a múltiples factores.


En primer lugar, hay que tener en cuenta que cada niño/a presenta un ritmo de aprendizaje distinto, no todos aprenden lo mismo ni a la misma vez. El ritmo de aprendizaje de cada niño/a puede variar en función de su desarrollo madurativo, sus experiencias previas de aprendizaje, la estimulación temprana recibida, etc.


Pueden darse casos en los que se presente un retraso en el proceso de adquisición de la lectoescritura y que se necesite una intervención específica para reforzar está área e ir adquiriendo y consolidando el proceso de lectoescritura al ritmo de cada niño/a.


El retraso lector puede darse entre los 5 y los 8 años, y se diagnostica en aquellos casos en los que no existe una patología alternativa que pueda explicar mejor la existencia de estas dificultades o de este retraso en la adquisición de la lectoescritura (déficit cognitivo, déficit sensorial, retraso madurativo, etc.)


También puede darse casos en los que esta dificultad se deba a la existencia de un trastorno de aprendizaje, como podría ser el trastorno específico del aprendizaje con dificultades en la lectura 315.00 (F81.0), y con dificultades en la expresión escrita 315.2 (F81.81), lo que conocemos como dislexia. Esto afectaría a la forma en la que el niño/a accede a las distintas rutas implicadas en los procesos de lectoescritura (ruta fonológica o indirecta y ruta superficial o visual)


En otros casos, este retraso en la adquisición de la lectoescritura puede deberse a la existencia de un posible trastorno a nivel atencional, que afecte a las áreas implicadas en la adquisición de la lectura y de la escritura (lóbulo occipital, área de asociación, etc.)


Algunos de los signos que nos pueden hacer sospechar sobre la existencia de un retraso en la adquisición de la lectoescritura o sobre la presencia de un trastorno específico de aprendizaje son los siguientes:


- No se reconocen adecuadamente las letras, no se identifican o no se discriminan.


- Dificultad en la asociación grafema-fonema (asociar cada letra a su sonido).

- Omisión de letras o sílabas en la lectura/escritura.


- Inversión de letras o sílabas en la lectura/escritura.

- Dificultades en conciencia silábica.


- Lectura entrecortada, silabeada y con errores.



Hay que tener en cuenta que la lectoescritura supone la base de, prácticamente, cualquier aprendizaje enmarcado dentro de nuestro actual sistema de enseñanza, y un mal desarrollo de esta área puede ser un importante predictor de fracaso escolar si no se interviene adecuadamente. Por ello, en el primer momento en el que empezamos a ver que el niño/a muestra dificultad en esta área, es muy importante comenzar con una intervención psicopedagógica enfocada en sus necesidades específicas y en las dificultades concretas que presente. Cuánto antes empecemos a trabajar y reforzar estas áreas, más exitosa resultará la intervención.






Alicia Velasco Vicente

Pedagoga Col. 1686

www.centropsicopedagogicogabaldon.com

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