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LOS PROBLEMAS DE LA DEGLUCIÓN EN LA PERSONA CON DEMENCIA


LOS PROBLEMAS DE LA DEGLUCIÓN EN LA PERSONA CON DEMENCIA

La deglución es una de las funciones básicas del organismo, un proceso neuromuscular complejo en el que intervienen más de 50 pares de músculos bien coordinados que, llevando a cabo tanto movimientos voluntarios como automáticos y una serie de fuerzas y movimientos sincronizados, nos permite ingerir alimentos por vía oral y llevarlos hacia el estómago (Logemann, 1998).

Durante este proceso participan diferentes estructuras del Sistema Nervioso Central (SNC) que llevarán a cabo la secuencia de movimientos musculares sincronizada, así como estructuras del Sistema Nervioso Periférico (SNP) ya que la deglución es una respuesta motora programada que se inicia solo si el centro de la deglución del tronco del encéfalo recibe la información cortical y sensorial periférica adecuada.

La multiplicidad de áreas del encéfalo que intervienen en la regulación de la deglución explican por qué la misma puede verse afectada con lesiones de distinta naturaleza que involucren distintos niveles del neuroeje (González R. y Bevilacqua J.A, 2009).

De forma clásica, el proceso deglutorio se divide en tres fases;

  • - La fase oral es la primera de las etapas , encargada de iniciar el proceso, en este caso de carácter voluntario;

  • - La fase faríngea comienza con el mecanismo del reflejo de deglución y en su conjunto constituye el tránsito del alimento desde la faringe al esófago.

  • - Fase esofágica es encargada del tránsito del bolo alimenticio desde el esófago hacia el estómago.

La alteración de la deglución en cualquiera de las frases descritas, es lo que conocemos como disfagia, caracterizada por la dificultad de mover el bolo alimenticio de manera segura desde la boca al estómago sin que aparezca la aspiración (López-Liria, R. et al 2014). Así pues, dicha afectación puede desencadenar una serie de signos de alteración de la eficacia de la deglución como son la malnutrición y/o deshidratación, y/o mostrar signos de alteración de la seguridad como son la inhibición del reflejo deglutorio, inhibición del reflejo tusígeno o aspiraciones silentes que pueden dar lugar a broncoaspiraciones y posibles neumonías.

Este proceso puede verse alterado como consecuencia de una alteración de la anatomía regional de la boca y/o la faringo-laringe, por un compromiso neurológico central en cualquiera de las áreas implicadas en su control, a nivel del nervio periférico, la unión neuromuscular, el músculo, así como también por una patología psiquiátrica. (González R. y Bevilacqua J.A, 2009).

Para poder iniciar un correcto tratamiento es necesario elaborar una buena exploración, ya que el diagnóstico de la disfagia orofaríngea es determinante para aconsejar qué tipo de alimentación reúne las condiciones de seguridad y eficacia necesarias para proporcionar al paciente una nutrición e hidratación adecuadas, para evitar e complicaciones aerodigestivas. Toda evaluación de la deglución comprende un examen clínico y en muchas casos, otro radiográfico, cuyo propósito es determinar la presencia de disfagia, el mecanismo de la alteración, el grado de severidad, los riesgos para el paciente, el manejo terapéutico y la evolución. (González, R. Y Araya, C., 2000).

Para la obtención de datos llevaremos a cabo dos métodos: por un lado, los exámenes o métodos clínicos, como la historia clínica y el método de exploración volumen viscosidad, y por otro, la exploración de la deglución mediante pruebas complementarias.

Una vez obtenemos información acerca de la deglución del paciente y las dificultades en cualquiera de sus frases, ponemos en marcha el tratamiento. La selección de las estrategias de rehabilitación dependerá en buena medida de la severidad de los signos de alteración de la eficacia y/o la seguridad de la deglución pero sobre todo de la persona que tenga la disfagia, ya que el objetivo principal es proporcionar todos los nutrientes necesarios y en las cantidades adecuadas, de forma eficaz y segura para mantener un buen estado nutricional y evitar problemas respiratorios.

El objetivo principal del tratamiento de dicha patología es la protección de las vías aéreas (ante cualquier tipo de penetración o aspiración, o su sospecha) y el mantenimiento de la nutrición del paciente. Sin embargo, una vez se ha realizado una exploración exhaustiva de la deglución en el paciente y antes de comenzar con el programa de intervención específico, se debe considerar qué modo de alimentación será mejor en cada caso imponiendo medidas de protección, por ejemplo si el paciente es incapaz de alimentarse, debería considerarse la colocación de una sonda nasogástrica, o una gastrostomía endoscópica percutánea (PEG) evitando de este modo, úlceras por presión, neumonías aspirativas y ofreciendo más confort y supervivencia al paciente.

Las modificaciones dietéticas adaptando la consistencia de los líquidos y los alimentos sólidos son un aspecto básico del tratamiento en estos pacientes. El nivel de la modificación debe fundamentarse en una evaluación individual de cada paciente, ya que es muy importante ajustar de forma objetiva el grado de viscosidad requerido para la adaptación de los alimentos.

Con respecto al modo de alimentar al paciente, es importante asesorar al cuidador ya que es preferible utilizar cucharas que jeringas ya que, nos permite observar la deglución y la presión en la lengua que estimula el reflejo deglutorio. Debemos acercar la cuchara desde abajo y colocarla en medio de la boca empujando la lengua hacia abajo para evitar que retroceda hacia el interior. Tendremos que administrar cantidades pequeñas evitando que se acumulen alimentos en la cavidad oral. Después de cada deglución es importante animar al paciente a que tosa y asegurarnos de que la boca está vacía antes de administrar de nuevo el alimento.

Estas medidas de protección o precaución de las ya nombradas aspiraciones o penetraciones incluyen no solo la elección del modo de nutrición y la modificación de la consistencia, sino también, la posición del paciente durante las comidas, la textura del alimento en sí, las técnicas de facilitación o cualquier tipo de recomendación al cuidador como pueden ser: evitar el uso de jeringas y pajitas, utilizar vasos de boca ancha o con escotadura y asegurarse que el paciente está concentrado a la hora de comer evitando distracciones como la televisión. . Además se deben tener en cuenta las modificaciones ambientales controlando el ambiente del comedor, la interacción personal y el tiempo dedicado a la alimentación. Se deberá cuidar la higiene oral, cuidado de dientes y prótesis, preservando la integridad de las mucosas, labios y comisuras de estos pacientes

Con respecto a la postura, durante las comidas el paciente debe estar erguido. En los pacientes con demencias que tienen cierta inestabilidad postural cefálica, deberemos impedir la hiperextensión del cuello con un soporte adecuado para la cabeza (García-Peris P, Velasco c, Velasco M y Clavé P, 2011)

Las modificaciones de la dieta irán encaminadas a mejorar la hidratación y nutrición del paciente, consiguiendo una deglución más segura y evitando complicaciones como la broncoaspiración que hemos mencionado anteriormente. Debemos administrar dietas variadas y atractivas, asegurando a la vez el aporte adecuado de todos los grupos de alimentos.

Es importante tomar conciencia sobre los alimentos que debemos evitar, es decir, aquellos que presentan consistencias mixtas, fibrosos, frutas o verduras con piel, alimentos que producen sialorrea o que desprendan líquido al morderse (Clavé P y García-Peris P 2011).

Se deben incluir alimentos que aporten agua y fibra que cubran las necesidades proteicas. Se podrán utilizar papillas de cereales, purés y triturados de frutas respectivamente. Es muy importante que los pacientes tengan una adecuada hidratación y para ello, se podrán utilizar líquidos espesados o aguas gelificadas que se administraran durante todo el día.

Por otro lado, lo más conveniente sería complementar la modificación de la dieta junto otras técnicas rehabilitadoras ya que durante la intervención logopédica, el profesional puede ayudar al paciente durante la deglución teniendo en cuenta las características de la alteración, que van a variar según la etiología y anatomía del paciente. Esto se lleva a cabo mediante una serie de maniobras o técnicas de facilitación.

La prevención e intervención precoz, asegurar un soporte nutricional y llevar a cabo una alimentación adaptada de manera adecuada, suponen elementos básicos en el plan de tratamiento y cuidado del paciente con demencia que presenta disfagia. Todo ello debe llevarse a cabo desde un abordaje multidisciplinar que incluya aportaciones de diferentes dominios disciplinares (neurólogo, logopeda, higienista y nutricionista entre otros).

Teresa Pérez Gil

Logopeda

No col: 461180

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