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DISLEXIA DEL DESARROLLO


DISLEXIA DEL DESARROLLO

¿Cómo aprendemos a leer?

Las dificultades en lectoescritura son un problema muy frecuente con el que nos encontramos en las aulas y para el que apenas sabemos cómo poner solución. Son muchos los profesores que nos preguntan qué pueden hacer, pues un alumno con esta problemática sufre a lo largo de su escolaridad. Nosotros siempre decimos lo mismo, cada alumno tiene una necesidad educativa específica, lo primero es conocer a nuestro alumno y saber cómo este aprende para poder ayudarle en la medida de lo posible. Para ello, es sumamente importante la formación del profesorado en este sentido, pues son muchos los niños que curso tras curso fracasan nivel académico ya desde la primaria. Esta es la motivación principal de este artículo, pues este fracaso escolar a causa de un problema con base neurológica debe hacernos a los profesionales encargados de la educación reflexionar sobre qué estamos haciendo con estos niños y niñas para ayudarles en su aprendizaje y, que no estamos haciendo bien.

La dislexia supone una dificultad para la consolidación de la lectura y la escritura, implicando dificultades en lectura, la escritura y la ortografía. Cuando un niño presenta lentitud en la lectura o dificultad para leer palabras poco habituales, así como faltas de ortografía graves, podría cumplir criterios para el diagnóstico de dislexia. Si bien, siempre es recomendable y sumamente necesaria una evaluación completa por profesionales cualificados.

Las personas con dislexia presentan dificultades en la conversión grafema-fonema; en aplicar normas gramaticales, dificultad para recordar y automatizar las formas y reglas ortográficas de las palabras, incluso pueden presentar dificultades en aritmética y en lenguaje expresivo y receptivo. Según la Sociedad Orton (1995), “la dislexia es un trastorno con bases neurológicas frecuentemente hereditarias que interfiere con la adquisición y el procesamiento del lenguaje, y que se manifiesta en dificultades del lenguaje receptivo y expresivo, incluyendo dificultades en el procesamiento fonológico, en la lectura, en la ortografía, en la escritura, en la calidad de escritura a mano y en la aritmética (Sociedad Orton, 1995).

La dislexia en el desarrollo presenta diversas manifestaciones, siendo el elemento central el déficit en la conciencia fonológica, es decir, que la dificultad radica en la capacidad que tiene el niño en almacenar, representar y manipular los sonidos del lenguaje hablado. Es sabido que la dislexia en muchas ocasiones puede darse junto con otros trastornos como es el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad o los Trastornos del Lenguaje.

Si atendemos a revisiones de la literatura científica como son las que encontramos en Peterson y Pennington 2012, podemos identificar varías teorías explicativas de la dislexia como son la teoría fonológica y la teoría visual entre otras teoría existentes.

Según la teoría fonológica, los niños con dificultades en lectoescritura o dislexia del desarrollo, presentan una alteración en la conciencia fonológica, pues no son capaces de procesar de forma adecuada los sonidos del lenguaje oral, lo que ocurre es que existe un déficit en la conversión grafema-fonema, es decir que hay un fallo en el aprendizaje de las letras y los sonidos correspondientes, y esto afecta a la lectura y la escritura. Cuando leemos, tenemos que reconocer la letra y su representación fonológica, es decir, su sonido. Si esta representación no es fuerte, entonces se produce una lectura lenta o errática, pues falla el aprendizaje de letras y sonidos.

La teoría visual achaca las dificultades en lectura por problemas viso-perceptivos. Si bien no niega que puedan darse problemas fonológicos, considera que los niños con dislexia del desarrollo producen un borrado cuando leen y eso dificulta su lectura por fallos en la percepción del texto.

Más allá de las teorías expuestas y el resto de las existentes, lo que consideramos importantísimo para poder abordar esta problemática es conocer como las personas aprendemos a leer, pues sin saber cómo funciona el cerebro y conocer el modelo funcional de lectura, no podemos ayudar a los niños y niñas con dislexia.

El primer paso para iniciarnos en la lectura es conocer las letras del alfabeto, pues sin una representación abstracta de las cualidades de las mismas y de las letras en sí, difícil es leer. Antes de iniciar a cualquier niño en la lectura, este debe conocer las letras de tal forma que pueda identificar los rasgos que definen cada letra, por ejemplo saber que la “i” es un palito vertical con un punto arriba o que la “v” son dos líneas inclinadas que se unen en un punto. Esto es una tarea ardua, pues cada letra tiene diferentes representaciones, mayúsculas, minúsculas, cursiva, etc. y diferente tipografía, por tanto, es imprescindible conocer todas las características de las letras para disponer de una representación abstracta de cada letra.

Tras identificar las letras del abecedario el siguiente paso es conocer las palabras, para ello necesitamos disponer de representación de las palabras en la memoria, por tanto, al principio la lectura es más fonológica (conversión grafema-fonema que explicamos más adelante) para más adelante pasar a ser visual, pues ya dispondremos de muchas palabras representadas en nuestra memoria, lo que nos hará ganar en rapidez lectora, pues la representación de las palabras escritas se consolida conforme vamos viendo esa palabra una y otra vez, de esta forma se vuelve familiar para nosotros y hace que la reconozcamos fácilmente. El léxico visual de un niño o de una persona, es decir las palabras guardadas en la memoria, hace que su rapidez lectora mejore.

Una vez el niño puede identificar una palabra de forma visual, entonces es capaz de atribuir significado a las palabras, también se dispone de un almacén llamado léxico semántico, donde se guardan en la memoria las palabras no solo en forma, sino también en significado. Si bien todo esto se hace de forma casi simultánea, puede darse el caso de que una persona pueda reconocer la forma de una palabra y ser capaz de leerla y pueda no saber qué significa.

Para finalizar, si lo que se pretende es verbalizar en voz alta el texto escrito, es decir, leer en voz alta, necesitamos recuperar la forma fonológica. Aquí también tenemos otro almacén, en este caso fonológico, donde los sonidos de cada letra están almacenados. En la lectura en voz alta, los sonidos (fonemas) de cada letra (grafemas) se tienen que seleccionar correctamente y después articular de forma correcta. Por tanto, el desarrollo de la lectura suele comenzar por el aprendizaje del mecanismo grafema-fonema asociado al aprendizaje de la forma de las letras, por lo que el niño comienza la lectura pronunciando las letras en voz alta y poco a poco, va interiorizando esos sonidos y fortificando las relaciones entre grafema y fonema (sonido y letra). Este aprendizaje de las reglas grafema-fonema poco a poco avanza a silabas y palabras, y contribuye a formar representaciones en el léxico visual de las palabras que se van leyendo. Este mecanismo de conversión grafema-fonema, permite leer a través de la conversión (sonido-letra), pues somos capaces de leer palabras inventadas (pseudopalabras).

La vía léxica se aprende de forma más incidental, pues al igual que en el lenguaje hablado que cuanto más escuchamos una palabra antes la aprendemos, con la identificación de la forma visual de la palabra, cuanto más veces veamos y leamos una palabra, mejor será su representación en la memoria. Si bien, la vía fonológica de conversión grafema-fonema se tiene que aprender de forma más específica.

Los buenos lectores desarrollan la vía visual con años de práctica lectora, mientras que los comienzos de la lectura y los lectores poco ágiles o las personas poco lectoras, hacen mayor uso de la vía fonológica, siendo su lectura más lenta, esto también ocurre en las personas con dislexia.

De cara a la intervención en dificultades en lectura, sería interesante conocer en profundidad el funcionamiento de la vía léxica o visual y la vía fonológica o de conversión grafema-fonema, para poder fortificar ambas o una de ellas, en función de la problemática del niño, si presenta dislexia fonológica, mixta o superficial, de forma que se palien o se le ayude al niño a mejorar en su lectura, pues con entrenamiento y estrategias adecuadas, las personas con dislexia pueden mejorar la calidad de su escritura y lectura.

Dado que es posible reducir las principales dificultades lecto-escritoras con una intervención específica, si creéis que necesitáis más ayuda para enfrentaros a este problema, desde Centros Psicopedagógicos Gabaldón, estudiaremos vuestro caso y os proporcionaremos unas pautas individuales para vuestra familia y actividades para realizar con vuestros hijos/as, y así, mejorar las habilidades de aritmética, lectoras y de escritura.

Andrea Pelegrín Santo

Psicóloga,

Col. MU02775

Máster en Psicología General Sanitaria

Máster en Neuropsicología Clínica

Centro Psicopedagógico Gabaldón Alicante

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