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ENSEÑAMOS A NUESTRO HIJO A ESTUDIAR


ENSEÑAMOS A NUESTRO HIJO A ESTUDIAR

Al inicio del curso escolar, por lo general, los niños están ilusionados, mochilas nuevas, material escolar a estrenar, están fascinados con estrenar libros, y cuentan con ganas de empezar bien el curso. Los padres confían en que este año, quizás pueda ser diferente, mejor profesor, mejores compañeros de clase. A la vez, los padres también sienten miedo de eso que se llama “el monstruo de la desgana”, la pérdida de interés que en mayor o menor medida afecta a los niños pasados unos meses del comienzo del colegio. Los padres tienen miedo a que como años anteriores las tareas para casa se conviertan en una lucha, y generen disputas en casa. Los adultos suelen anticipar la llegada del ”monstruo de la desgana” y como adultos responsables, piensan en cosas que ellos mismos harían si la desmotivación les ocurriera a ellos y no a sus hijos, olvidando que es a los niños a quién este “monstruo” ataca. Por tanto, los adultos comienzan a pensar en la manera para combatir la desmotivación: “tenemos que organizarnos más”; “ hay que empezar a estudiar antes”; “este año vamos a estudiar todos los días”; “me pondré con mi hijo/a desde el principio”; “tendré más paciencia”; “como es mayor, el curso es más difícil, mi hijo tiene que esforzarse más”; etc. Por todo ello, llevados por la preocupación el nivel de exigencia de los padres respecto a sus hijos aumenta.

Los niños, como niños que son, quieren jugar, dependiendo de la edad, todavía no piensan en la universidad, y en qué serán de mayores, esto solo pasa en una minoría. Los papás ya desde pequeñitos comienzan a infundirles la idea de “ tienes que ir a la universidad”; “tienes que estudiar para de mayor tener un buen trabajo”. A los niños esto le queda grande. Los niños quieren acabar las tareas y tener tiempo libre para dedicarlo a sus intereses, lo cual es maravilloso, tenemos hijos interesados, motivados. Algunos mensajes que los niños reciben por parte de los adultos, como por ejemplo, “al año que viene pasas de curso, sabes que significa, ¿verdad?, tendrás exámenes y todo será más difícil”; “ tendremos que estudiar más”; etc., más que motivar aumentan la ansiedad de los pequeños. A eso le sumamos las tareas para casa, las fechas de entrega de trabajos, exámenes, etc. Si todo esto no está siendo bien gestionado a nivel emocional, origina que el niño/a pueda sentirse desbordado. Por lo que tenemos que tener presente que la exigencia de los padres en dosis elevadas desmotiva. El niño vive un cambio muy importante para él con cada curso escolar “ la reducción del tiempo de disfrute”.

En primer lugar los niños tienen que saber para qué y por qué estudiar, ir al colegio, hacer la tarea, etc. En segundo lugar, tienen que saber cuanto tiempo tienen al día para jugar o para dedicar a sus intereses, y lo que es lo mismo, cuanto tiempo van a tener que dedicar al estudio. Más y mayor organización, más y mejor motivación.

Por ello, conviene contemplar determinadas pautas y consejos que nos ayuden en el día a día, para enseñar a nuestro hijo a estudiar, fomentando su autonomía en el estudio y conteniendo sus emociones. Lo que nos va a ayudar a aumentar su motivación.

1. Elegir un lugar de estudio adecuado, que sea siempre el mismo para generar el hábito. Ese lugar solo se va a utilizar para estudiar. Queremos que asocie el lugar a la actividad de estudio. Necesitamos que el espacio de estudio esté ventilado, luz natural, lejos de distracciones, lo más minimalista posible, con material accesible, buena iluminación, buena temperatura y silla cómoda.

2. Recomendamos que padres e hijos creen un horario semanal donde se recojan las horas de estudio, de tiempo libre y actividades domésticas, desde que vuelven del colegio hasta que se acuestan. Es adecuado que siempre sean las mismas horas, y que las actividades siempre sean en el mismo orden. Aconsejamos utilizar imágenes en el horario para ayudar a los más pequeños. Aconsejamos, realizar las tareas escolares a primera hora de la tarde, para que el niño después pueda tener la tarde libre. Por ejemplo, queremos que asocie que después del colegio nada más llegar a casa: merienda mientras habla con mamá o papá sobre el día en el colegio (realizar preguntas abiertas, que asignaturas has tenido hoy, que has hecho en clase de matemáticas, con quién has jugado en el recreo, ha pasado algo divertido en el colegio, etc.), después de merendar, va seguido estudiar y hacer las tareas escolares, después jugar, ducha, cena, tiempo en familia de calidad, cepillarse los dientes, leer un cuento y dormir. Los hábitos no se crean en un día, necesitan de repetición y tiempo. Las personas funcionamos por rutinas, por lo que necesitamos automatizar y hacer mecánico la acción de estudiar. Que las tareas siempre se den a la misma hora y en el mismo lugar, nos va a ayudar a conseguir el establecimiento del hábito de estudio. Debe convertirse en una acción como cualquier otra que se hace en el día.

3. Es importante confiar en nuestros hijos. Nos vamos a centrar en las cosas positivas, tratando de felicitarles por cada pequeño avance que vaya consiguiendo. Tenemos que confiar y ser flexibles, a veces nuestros hijos/as llegan cansados del colegio o su día no ha sido bueno, debemos tratar siempre de negociar tiempos, aunque sin ser demasiado permisivos dado que es vital cumplir los horarios, por lo general. Si un día llega cansado, lo hablaremos con él o ella, y negociaremos, intentaremos motivar a que haga la tarea nada más llegar, si no está por la labor permitiremos que haga la tarea después o más tarde, le pediremos que nos lo prometa y se comprometa, siempre manteniendo una actitud positiva, y pese a que le dejemos tiempo de descanso, no cederemos en dejarles jugar a videoconsolas o darles la “tablet”. Podemos aprovechar para hacer alguna actividad con nuestro hijo/a, para desconectar y pasar tiempo de calidad.

4. Vamos a limitar el tiempo de estudio. A veces, no por dedicarle más tiempo vamos a obtener mejores resultados. Los niños que presentan dificultades, como por ejemplo, los problemas en atención, se enfrentan al estudio con desgana, por que saben que tienen que dedicar más tiempo para acabar todas las tareas. Algunos niños necesitan toda la tarde para acabar los ejercicios, sin contar con repasar para los exámenes. Es importante que comencemos a limitar el tiempo de estudio, para ello, hablaremos con el profesor/a para priorizar ejercicios y tareas. Necesitamos dejar espacio para actividades gratificantes sino el niño/a puede llegar a aborrecer los estudios. Además de limitar el tiempo de estudio, vamos a reducir el tiempo de hablar sobre los estudios. Es muy importante que el niño se sienta querido por otras cosas que no sean los estudios. Trataremos que los temas de conversación versen sobre aspectos diversos, dotándole de autoestima y seguridad. Las riñas o discusiones sobre los deberes y exámenes, quedarán limitadas al tiempo de estudio del pequeño/a. Si el Lunes nuestro hijo no cumple el horario de estudio programado, durante el tiempo dedicado al mismo, podremos discutir, negociar, insistir, etc., pero una vez finalizado el tiempo de estudio, no se hablará más del tema. Debemos evitar que el tema predominante en casa sean los problemas con los deberes, los exámenes y el colegio.

Investigadores de la Universidad de Oviedo, estudiaron la relación entre hacer deberes y el rendimiento académico, demostrando que no existe una relación lineal sino una curva en “u”, a partir de un cierto tiempo dedicado a hacer deberes y estudiar, el rendimiento comienza a disminuir. Es a los 90 -100 minutos cuando el rendimiento comienza a caer. De forma orientativa, “el tiempo de estudio más eficiente se encuentra entre los 60 y 70 minutos” diarios, demostrándose que alargar ese tiempo, supone que el rendimiento académico obtenido sea mínimo frente al gran esfuerzo por parte del niño/a (Suárez-Alvarez, Fernández-Alonso y Muñiz).

5. Trataremos de no enfadarnos. Manteniendo una actitud firme y tranquila. No vamos a forzar ni sermonear a nuestro hijo/a a estudiar, no vamos a gritarle ni a pelear con ellos para que se pongan a estudiar. Se lo diremos de forma tranquila, un par de veces, intentaremos negociar sobre todo en las ocasiones en que veamos cierto estrés o cansancio en nuestros hijos. Le explicaremos que cumplir el horario es su responsabilidad, y que si no cumple perderá los privilegios y tendrá que asumir las consecuencias de su decisión. Nuestro hijo/a debe saber de forma anticipada cuales son las consecuencias por no cumplir el horario de estudio (no tecnologías, no salir a jugar, etc., la que se considere oportuna por parte de los padres), además de las consecuencias que va a recibir en el colegio. No vamos a utilizar el estudio como castigo, dado que lo que queremos evitar es que asocie estudiar con algo negativo. Por tanto, si nuestro hijo está enfadado o hace algo mal, le pediremos que reflexione o que vaya a su habitación, y sobre todo evitaremos decir frases como por ejemplo, “ ahora a estudiar por haber hecho tal cosa”.

6. Papá y mamá, relajaros y respirar hondo. Nuestro miedo ante el fracaso escolar y “ante el monstruo de la desgana” nos provoca ansiedad, que vamos a transmitir a nuestros hijos/as, a través de nuestras expresiones faciales, tono de voz y forma de comunicarnos. El niño posiblemente se agobie por que sienta que nunca es suficiente, que sus padres solo quieren que estudie, que aunque lo hace nunca le creen. Nuestras actitudes provocadas por la preocupación y el miedo a que nuestros hijos/as fracasen en el colegio va a poner nerviosos a nuestros pequeños/as, pudiendo llegar a sentir que no se confía en ellos o que no son lo suficientemente buenos. Teniendo miedo y desgana a enfrentarse a los deberes.

7. Es importante acompañar en los momentos iniciales a nuestros hijos/as en el estudio, los padres debemos ser guías que apoyen y faciliten su aprendizaje. Es recomendable, que paulatinamente nos vayamos retirando para permitir que nuestro hijo/a se enfrente solo a la tarea y gane en autonomía. Ofreceremos ayuda cuando la necesite. Por tanto, al principio nos sentaremos con ellos a estudiar, de cara a proporcionar un acompañamiento afectivo y emocional, para que no se sientan solos ante la tarea, animándoles con mensajes del tipo “ venga, en acabar hacemos algo juntos”, “ ya te queda menos”, “ que bien, ya has terminado este ejercicio”, “ahora mismo a descansar”, “que bien lo estás haciendo”, etc. Poco a poco, iremos dejándolos que se enfrenten solos a la tarea escolar.

8. Podemos ayudar a nuestros hijos con juegos donde pongamos en práctica el contenido de estudio, viendo documentales, vídeos relacionados con los temas que estén estudiando, ir juntos a museos, etc. Promover otros aprendizajes, fomentar su curiosidad, etc. Además, podemos ayudarles explicándoles determinadas técnicas y trucos para facilitar el estudio, como hacer esquemas, repasar oralmente, role playing, simulando que es el profesor y nos tiene que explicar la lección, etc.

Andrea Pelegrín Santo

Psicóloga/ Neuropsicóloga

MU02775

Centro Psicopedagógico Gabaldón Alicante


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